El sistema eléctrico hondureño enfrenta uno de sus mayores desafíos estructurales en las últimas décadas: las elevadas pérdidas técnicas y no técnicas que impactan directamente las finanzas públicas y limitan la capacidad del Estado para invertir en sectores estratégicos.

De acuerdo con cifras oficiales, las pérdidas en el sistema energético nacional superan los 16,000 millones de lempiras anuales, recursos que, según el Gobierno, podrían destinarse a áreas prioritarias como salud, educación, seguridad e infraestructura pública si se lograra una mayor eficiencia en la gestión del sector.

Las autoridades han señalado que esta situación representa una de las principales presiones fiscales para el Estado hondureño, debido a que la Empresa Nacional de Energía Eléctrica (ENEE) concentra una parte significativa de las obligaciones financieras vinculadas al suministro eléctrico del país.